El hammam paso a paso




Cuando entras en un Hammam el tiempo parece detenerse. La tranquilidad que se respira en la sala, el vaho y el calor, así como el suave y constante ruido del agua caliente saliendo de la fuente, hacen que hasta el más estresado se relaje. A partir de aquí, se abre todo un mundo de sensaciones donde el relax prima sobre todas las cosas.

El Hammam se empieza entrando en calor. Es necesario que el cuerpo sude y que los poros se abran ya que sólo de este modo se conseguirá una limpieza profunda, que vaya más allá de la parte superficial de la piel. Estaremos un buen rato en una sala, cercana a la fuente de agua, donde hace un calor que no llega a agobiar pero que se nota.

hammam

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Pasados varios minutos (pueden llegar a ser hasta veinte minutos, todo dependerá del Hammam que visitemos), entraremos a la sala templada, donde se realiza el baño. Aquí las mujeres del Hammam enjabonarán nuestro cuerpo hasta quedar perfectamente cubierto por la espuma. Después dan un baño de agua caliente que sienta de maravilla. Si lo deseas (y previo pago de 3 dam) puedes optar por un ligero y placentero masaje. A continuación llega el momento estrella del baño: La friega. Se trata de uno de los momentos más importantes del baño y también uno de los que más daño hacen, pues usan guantes de crin para exfoliar la piel de todo el cuerpo, algo que a veces puede parecernos bastante brusco. Si se desea puede indicarse a la mujer que lo haga más suave. Pero algunas veces, pese a entenderte perfectamente, sonríen y continúan fregando igual de fuerte. Al fin y al cabo tienen que hacer bien su trabajo... o al menos eso piensan.

Una vez tu cuerpo esté limpio y exfoliado, te volverán a enjuagar con agua, para pasar después a la zona fría y secarte.

Si bien es cierto que hay muchos tipos de Hammam, siempre forman una nueva y placentera experiencia. En algunos el champú no es necesario, pero en otros se hace imprescindible si quieres recibir un baño completo. Otro consejo es llevarte la esterilla sobre la que te realizarán el baño. Esto también depende del Hammam en el que te encuentres, pero hay algunos que no ofrecen unas condiciones higiénicas muy buenas (pese a ser baños, por paradójico que parezca), de modo que mejor que te lleves la tuya. Eso sí, cuando entres relájate y disfruta. Es una experiencia única.

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